Ilustración cálida y nostálgica de cuatro hermanos jugando lotería, luz natural entrando por la ventana, evocando la infancia y el legado familiar.

3 historias para recordar a León: curioso, valiente y con alma de niño

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Hace un mes murió mi hermano. Hace unas semanas colocamos sus cenizas en una iglesia de la Ciudad de México. En ese evento triste —de esos que duelen en el cuerpo y el alma— al abrazar a mi cuñada y preguntarle cómo podíamos acompañarla a ella y a mis sobrinos, me dijo algo que se me quedó grabado:

“Cuéntenles a mis hijos de León.”

Y aquí estoy, haciendo justo eso. Hoy quiero compartir tres pequeñas anécdotas de mi hermano, con la esperanza de que ayuden a mitigar un poquito la pena que sienten Josemari y Juanfer, y que les recuerden quién era su papá: un hombre valiente, alegre, creativo... y profundamente humano.

1. Kalimán y las lecturas prohibidas

Seguramente no la conoces, pero Kalimán era una historieta mexicana que contaba las aventuras de un superhéroe justo, siempre acompañado por un niño egipcio descendiente de faraones llamado Solín.
Por alguna razón que aún no entiendo, mi papá no le daba permiso a León para leer esas historietas (si hubiera visto la industria de superhéroes de hoy, ya habría prohibido Netflix).
Pero León, testarudo y curioso, las compraba y las escondía debajo de su colchón 🛏️.

Desde pequeño, fue un lector voraz. Aprendió a leer a los 5 años y devoró la biblioteca familiar: Julio Verne, La isla del tesoro, enciclopedias de cuentos del mundo…
Ese hábito lector no solo le enseñó cosas: lo formó. Imaginaba, cuestionaba, conectaba puntos. Fue una de sus ventajas injustas: leer le dio alas.

2. Vacaciones en el rancho 🐂☀️

Mi familia materna es de Guerrero, y allá, en el rancho de mi abuelo, pasábamos las vacaciones. La casa se llenaba de primos (a veces hasta 20, parecía festival) y uno de los retos estrella era... montar a uno de los cebúes del abuelo. Sí, toros. ¿Por qué? Porque infancia ochentera, claramente.

Los primos se turnaban en el corral hasta que llegaban las tías al rescate, entre gritos y regaños. Y León, citadino pero valiente, siempre se animaba. Disfrutaba estar en contacto con la naturaleza, quizá por eso terminó viviendo en Oaxaca, donde encontró una forma de vida más presente, más en paz con su ritmo.

3. Lotería 🎲🎉

Una tarde, jugando lotería en casa con mi mamá y hermanas, León decidió que leer simplemente “El gallo” o “La sirena” era aburrido. Así que se puso creativo:

“El que le cantó a San Pedro.”
“La que nada entre mares y canta por las noches.”

Le metía sabor, estilo, narrativa. Lo había visto en ferias y decidió aplicarlo al juego familiar. Así era León: absorbía, entendía, adaptaba. Siempre encontrando una forma diferente de hacer las cosas, más divertida, más suya. Siempre buscaba agregarle una chispa al momento.


Estas son solo tres historias, muy cortitas, de mi hermano.
Historias con las que quiero que mis sobrinos recuerden que su papá era un hombre que amaba aprender, que no temía probar cosas nuevas, que era valiente, curioso y que no se quedaba en la teoría: ejecutaba lo que aprendía con pasión.

💛 Y aunque duele, mucho, escribir esto… también me llena el corazón saber que su historia sigue viva.
Y que sigue inspirando.

¿Y si lo que te contaste hasta hoy ya no te sirve?

Platiquemos. Juntas podemos reescribir lo que sigue.

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