Ya no quiero parecer inteligente
Apr 27, 2025¿Te ha pasado que estás en una junta y al momento de querer dar tu opinión sientes que tienes una mordaza en la boca que te impide hablar? Quizá has tenido ganas de precisar lo que alguien más dijo, dar una sugerencia que ayude a mejorar una propuesta o hasta expresar que estás en desacuerdo con el punto de vista de un compañero y simplemente... ¡no puedes! A mí me sucedía TODO el tiempo.
El que calla pasa por inteligente, nos decía mi papá en las comidas familiares cuando se abría algún tema de conversación y nosotros nos disponíamos a dar nuestra opinión Quizá era su forma de pedir que escucháramos, de instarnos a estar informados antes de hablar. Sin embargo, esas palabras se quedaron grabadas en mi mente por mucho tiempo.
Ahí iba yo, navegando en mi vida laboral con esta creencia arraigada en mi interior. Durante mis primeros años eso no fue un obstáculo: si hay algo que desarrollé, fue la capacidad de escuchar y seguir instrucciones. Sin embargo, al ir avanzando en mi carrera, las responsabilidades fueron creciendo y al mismo tiempo las oportunidades de obtener exposición con managers de mayor nivel. Así que llegó el momento de participar en juntas, ¡por supuesto que mi intención era que todos pensaran que yo era inteligente! Es decir, que allí estaba yo, puntual, bien arreglada, bien preparada, pero... MUDA. No me daba miedo dar mi opinión, me daba TERROR. ¿Y si me equivocaba?, ¿qué pasaría si decía algo erróneo, algo con lo que los demás no estuvieran de acuerdo?. Todos pensarían que era tonta, que no me había preparado, que era una improvisada.
Pronto me di cuenta que quedarme callada ya no me estaba dando resultado: si bien mis compañeros no pensaban que era tonta, tampoco sabían qué pensar de mí. Era un fantasma, pasaba desapercibida. Fue entonces que decidí tomar otra actitud. Claro que no sucedió de un día para otro, tuve que trabajar en ello, darme cuenta de que mi creencia no me estaba ayudando a lograr lo que yo quería, y cuestionarme si era cierto que realmente "el que calla pasa por inteligente". Y empecé a hablar, primero unas cuantas frases en cada junta, unos balbuceos. Esto me ayudó a adquirir confianza, a hablar cada vez con más frecuencia, aún y cuando pudiera equivocarme. Y equivocarme no estaba tan mal: reflexionaba en nuevos aspectos y ampliaba mi panorama.
Más aún, ya no me interesaba que los demás creyeran que yo era inteligente. Ahora prefiero rodearme de personas más inteligentes que yo, no me importa ser considerada la más tonta del grupo, me interesa aprender de los demás.
Si tú está pasando por una situación similar, o te identificas de alguna manera con esta historia, aquí unos tips prácticos:
- No te obsesiones pensando en la opinión que los demás tengan de ti. NADIE es tan importante como para permanecer en la memoria de los demás por mucho tiempo. A lo mejor eres el blanco de las críticas durante los 60 minutos, o menos, que dure la reunión. Después todos se ocuparán en otras cosas.
- ARRIÉSGATE a dar tu opinión, a equivocarte y aprender en el proceso. Como dice Adam Grant en su libro Think Again: The Power of Knowing What You Don't Know (si aún no lo has leído, te lo recomiendo): "aprendemos más de las personas que retan nuestro razonamiento que de aquellas que afirman nuestras conclusiones".
No dejes que alguien más escriba tu historia, es TU VIDA, TU HISTORIA.
¿Y si lo que te contaste hasta hoy ya no te sirve?
Platiquemos. Juntas podemos reescribir lo que sigue.
Inspírate. Conéctate. Transforma.
Recibe inspiración, reflexiones y noticias directo en tu bandeja.
Tranquila, tu información queda entre tú y yo.
Odiamos el SPAM. No venderemos tu información por ninguna razón