Amar no es dar hasta desaparecer
Hola, 💜
Hay una frase que muchas mamás cargamos en silencio, aunque casi nunca la digamos en voz alta:
“Debería poder dar más.”
Más tiempo.
Más paciencia.
Más dinero.
Más presencia.
Más juegos.
Más escuela.
Más calma.
Más respuestas.
Más lunch saludables que no parezcan armados en modo supervivencia (lo primero que encuentro) a las 7:12 a.m.
Y cuando no podemos darlo todo, aparece ella: la culpa.
La culpa por no estar en cada festival, en cada tarea, en cada comida, en cada momento importante.
La culpa por no poder pagar la escuela que soñamos, las clases extras, las vacaciones, la ropa, los juguetes o esas experiencias que imaginamos cuando pensábamos en “la infancia ideal” de nuestros hijos.
La culpa por ser demasiado estrictas un día y demasiado permisivas al siguiente.
La culpa por gritar.
La culpa por ceder.
La culpa por poner límites.
La culpa por no ponerlos antes.
La maternidad, a veces, se siente como un examen sorpresa para el que nadie te dio guía de estudio… pero todos parecen estar calificando.
Y en medio de todo eso, muchas aprendimos una idea peligrosa:
Que amar bien significa dar hasta vaciarnos.
Como si una buena mamá fuera la que siempre puede.
La que siempre está.
La que siempre resuelve.
La que siempre se sacrifica.
La que nunca dice “estoy cansada”.
La que convierte sus necesidades en pendientes opcionales para “cuando haya tiempo”.
Y como sabes: casi nunca hay tiempo.
Pero quiero decirte algo con cariño y mucha verdad:
Tus hijos no necesitan que desaparezcas para sentirse amados.
No necesitan una mamá que se borre por completo para demostrarles que importan.
Necesitan una mamá que ame, sí.
Que cuide, sí.
Que acompañe, sí.
Pero también una mamá que les enseñe, con su ejemplo, que el amor no debe costarnos la vida entera.
Porque cuando una madre se vacía una y otra vez, no necesariamente está amando mejor.
A veces solo está sobreviviendo con una sonrisa medio chueca y café frío en la mano.
Y claro que queremos darles lo mejor.
Queremos abrirles puertas, evitarles dolores, ahorrarles frustraciones, comprarles lo que necesitan y también, seamos honestas, algunas cosas que solo queremos darles porque nos brillan los ojos imaginando su carita.
Eso también es amor.
Pero no todo el amor se compra.
No todo el amor se resuelve.
No todo el amor se entrega en forma de sacrificio.
A veces amar también es decir:
“No puedo comprarte eso ahora, pero podemos hablar de lo que sí es posible.”
“Entiendo que estés frustrado, y aun así este es el límite.”
“Te acompaño, pero no voy a hacerlo por ti.”
“Puedes equivocarte. Aquí estoy para ayudarte a aprender.”
“Yo también necesito descansar.”
Eso también es maternidad.
Y no una maternidad menor.
Una maternidad más humana.
Porque amar a nuestros hijos no significa evitarles toda incomodidad. Muchas veces significa enseñarles a atravesarla.
Enseñarles que esforzarse importa.
Que equivocarse no los rompe.
Que frustrarse no es fracasar.
Que no tenerlo todo no significa no tener amor.
Que seguir adelante también se aprende.
Y quizá una de las enseñanzas más poderosas que podemos darles es esta:
El amor no debería pedirte que te abandones.
No en la maternidad.
No en la pareja.
No en la familia.
No en ningún lugar.
Tus hijos también aprenden de cómo te tratas.
Aprenden cuando te ven pedir perdón.
Cuando te ven reparar después de un mal día.
Cuando te ven poner un límite.
Cuando te ven decir: “hoy no puedo con todo”.
Cuando te ven intentarlo de nuevo.
No necesitas ser una mamá perfecta para criar hijos profundamente amados.
Necesitas ser una mamá presente de la forma más honesta que puedas.
Y a veces esa presencia se ve como jugar en el piso.
A veces se ve como trabajar para sostener la casa.
A veces se ve como decir que no.
A veces se ve como dejar que se equivoquen.
A veces se ve como abrazarlos después de un día en el que tú también quisiste llorar en el baño cinco minutos. O quince.
Así que hoy quiero dejarte esta pregunta:
¿Qué parte de la maternidad estás usando para medir tu valor como mamá, cuando en realidad solo eres una mujer haciendo lo mejor que puede con lo que tiene hoy?
Respóndeme este correo si esto te tocó. Cuéntame qué culpa has estado cargando y que quizá ya está lista para soltarse un poquito.
No para volverte indiferente.
No para amar menos.
Sino para recordar que amar también puede sentirse más liviano.
Con cariño, ojeras compartidas y permiso para no poder con todo,
Mon 💜
Tu compañera de camino en esto de reescribir(te)
Respuestas