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La colaboración entre mujeres también transforma historias

by Monica Ortiz
Aug 24, 2026
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El siguiente capítulo

Hay personas que llegan a nuestra vida para ayudarnos a comprender lo que hemos vivido.

Y hay algunas que, además, nos enseñan otra forma de avanzar.

Samantha Vásquez, mi psicóloga, ha sido ambas para mí.

Me ha acompañado a entender y superar distintos momentos de mi vida, pero también me ha enseñado algo que va mucho más allá de mi propio proceso: la importancia de la colaboración entre mujeres.

Samantha es una de esas mujeres que, cuando descubre una posibilidad en otra, no intenta apagarla ni apropiarse de ella.

La impulsa.

La ayuda a reconocer lo que sabe hacer, a descubrir su propósito y a encontrar la manera de llevarlo a la realidad.

No se limita a decirle: “Tú puedes”.

Se coloca a su lado y le ayuda a descubrir cómo.

La escena de hoy

Durante años hemos escuchado que las mujeres no sabemos apoyarnos entre nosotras.

Que competimos.

Que nos criticamos.

Que el peor obstáculo para una mujer suele ser otra mujer.

La historia lleva tanto tiempo circulando que, a fuerza de repetirla, termina pareciendo una verdad sobre nuestra naturaleza.

Y, como sucede con muchas de las historias que nos contamos, también empieza a dirigir la manera en que interpretamos lo que ocurre.

Si una mujer destaca, nos preguntamos si quiere opacar a las demás.

Si consigue una oportunidad, pensamos que ahora habrá menos espacio para nosotras.

Si expresa una opinión diferente, lo interpretamos como rivalidad.

Cualquier desencuentro parece confirmar la historia.

Pero cuando una mujer recomienda a otra, comparte una oportunidad, reconoce su trabajo, le enseña algo o la ayuda a avanzar, solemos tratarlo como una excepción.

Curiosa contabilidad:

La rivalidad cuenta como evidencia.

La colaboración, como una bonita casualidad.

Mi experiencia con Samantha me ha hecho mirar esa historia de otra manera.

En ella he visto un liderazgo que no necesita ocupar siempre el centro.

Un liderazgo capaz de reconocer el talento de otra mujer sin sentir que eso disminuye el propio.

Un liderazgo que pregunta:

¿Cómo puedo ayudarte a convertir eso que imaginas en algo posible?

Y Samantha no es la única.

La colaboración entre mujeres sucede todos los días.

Sucede cuando una amiga comparte un contacto.

Cuando una líder menciona el nombre de otra mujer en una conversación en la que ella no está presente.

Cuando una colega enseña lo que sabe sin proteger sus conocimientos como si vinieran en inventario limitado.

Cuando alguien escucha una idea que todavía está un poco desordenada y, en lugar de señalar todo lo que le falta, ayuda a descubrir lo que podría llegar a ser.

Quizá la colaboración entre mujeres no es la excepción.

Quizá simplemente hemos aprendido a mirar con más atención los conflictos que las alianzas.

Lo que cambia la historia

Por supuesto, ser mujeres no nos convierte automáticamente en personas generosas, solidarias o colaborativas.

Las mujeres también podemos competir, excluir, juzgar y lastimar.

Negarlo sería sustituir un estereotipo por otro un poco más bonito, pero igualmente falso.

Lo que cuestiono es la idea de que la rivalidad sea parte inevitable de nuestra naturaleza y la colaboración una rareza.

Durante mucho tiempo, las mujeres tuvimos acceso a muy pocos espacios de decisión, reconocimiento y liderazgo.

Cuando parece que solo hay lugar para una, es fácil mirar a la mujer que está al lado como una amenaza.

Pero el problema nunca fue que hubiera otra mujer intentando avanzar.

El problema era creer que únicamente una de nosotras podía hacerlo.

La colaboración cambia esa lógica.

No pregunta:

¿Cuál de las dos merece estar aquí?

Pregunta:

¿Cómo podemos crear más espacio para que ambas avancemos?

Colaborar no significa renunciar a nuestra ambición.

No significa estar de acuerdo en todo, evitar conversaciones difíciles ni aplaudir cualquier cosa solo porque la hizo otra mujer.

Significa no confundir el crecimiento de otra con nuestra desaparición.

Significa compartir lo que sabemos, dar retroalimentación honesta, reconocer la autoría, recomendar el trabajo de alguien, abrir una puerta y celebrar un logro sin convertirlo inmediatamente en una comparación.

También significa permitir que otras mujeres nos ayuden.

Porque a veces nos gusta mucho la idea de impulsar a las demás, pero nos cuesta bastante más aceptar que alguien se coloque a nuestro lado. Vuelve a aparecer esa pequeña obsesión por demostrar que podemos solas.

Samantha me ha enseñado que nuestro propósito no siempre se descubre en aislamiento.

En ocasiones necesitamos la mirada de otra mujer para reconocer una posibilidad que todavía no sabemos nombrar.

Alguien que no recorra el camino por nosotras, pero que nos recuerde que sí existe un camino.

Ese también es liderazgo.

Uno generoso, colaborativo y lo suficientemente seguro para saber que la luz de otra mujer no apaga la propia.

Escribe tu siguiente escena

Piensa en una mujer cuya colaboración haya sido importante en tu historia.

No tiene que haber cambiado tu vida con un gran gesto. Quizá compartió contigo una oportunidad, te recomendó, te escuchó, te enseñó algo o confió en una idea antes de que tú misma confiaras completamente en ella.

Pregúntate:

  • ¿Qué hizo exactamente por mí?
  • ¿Qué cambió en mi historia gracias a ese gesto?
  • ¿Le he dicho con claridad lo que su apoyo significó?
  • ¿Cómo podría reproducir hoy esa forma de colaboración con otra mujer?

Esta semana realiza una acción concreta.

Puedes enviar un mensaje de agradecimiento, compartir un contacto, recomendar el trabajo de alguien, ofrecer tu experiencia o nombrar el talento de otra mujer en una conversación importante.

No necesitas crear una iniciativa internacional con logotipo y comité organizador.

A veces basta con decir:

“Vi esta oportunidad y pensé en ti.”

“Tu trabajo merece ser conocido. ¿Puedo recomendarte?”

“Creo en lo que estás construyendo. ¿Cómo puedo ayudarte?”

Las historias también cambian con gestos pequeños.

Subráyalo

El crecimiento de otra mujer no reduce el espacio para el mío; amplía lo que podemos imaginar para todas.

Una idea para llevar contigo

La colaboración entre mujeres no se demuestra diciendo que nos apoyamos. Se practica al compartir una oportunidad, reconocer el talento de otra y abrir una puerta sin necesitar ser quien la cruce primero.

Pienso en Samantha y en todas las mujeres que, de distintas maneras, han caminado a mi lado.

Cada vez que una mujer ayuda a otra a reconocer su capacidad y avanzar hacia su propósito, no solo impulsa una vida o un proyecto.

También debilita aquella vieja historia que decía que entre nosotras solo podía existir competencia.

Y comienza a escribir otra.

¿Qué historia contarás esta semana?

Con cariño,
Mon

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