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El trabajo no siempre habla por nosotras

by Mónica Iris Ortiz Román
Sep 28, 2026
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El siguiente capítulo

Durante mucho tiempo creí en una fórmula bastante sencilla:

Prepararme.

Trabajar duro.

Cumplir con responsabilidad.

Obtener buenos resultados.

Y esperar que, naturalmente, llegara la siguiente oportunidad.

No creo haber sido la única.

Muchas mujeres aprendimos que, si hacíamos un trabajo sobresaliente, alguien terminaría por notarlo.

Que nuestros resultados hablarían por nosotras.

Que no era necesario llamar la atención, acercarnos a las personas importantes ni explicar lo que queríamos hacer después.

Después de todo, ¿no debería bastar con hacer bien nuestro trabajo?

La respuesta incómoda es:

No siempre.

A veces acumulamos experiencia, cumplimos objetivos, resolvemos problemas y nos convertimos en esa persona confiable a la que todos recurren.

Pero la promoción no llega.

La invitación al nuevo proyecto no aparece.

Nuestro nombre no surge cuando se habla de una posición con mayor responsabilidad.

Entonces comenzamos a preguntarnos qué nos falta.

Y quizá no nos falta preparación.

Quizá falta que las personas adecuadas sepan quiénes somos, qué podemos aportar y hacia dónde queremos crecer.

La escena de hoy

Cuando escuchamos la palabra networking, muchas imaginamos algo poco natural.

Un evento lleno de desconocidos.

Tarjetas de presentación.

Conversaciones forzadas.

Personas hablando de sus logros mientras intentan descubrir quién puede resultarles útil.

En pocas palabras: “vendernos”.

Y la idea no siempre resulta atractiva.

Si además no sabemos cómo hacerlo, podemos confundir el networking con agradar.

Decir que sí a todo.

Estar siempre disponibles.

Reír las bromas correctas.

Coincidir con las opiniones de las personas importantes.

Ofrecer ayuda constantemente para convertirnos en alguien indispensable.

Pero eso no es networking.

Eso es intentar ganarnos un lugar mediante la aprobación.

El networking no consiste en conseguir que todas las personas nos quieran.

Tampoco en acercarnos a alguien únicamente porque tiene algo que necesitamos.

Consiste en construir relaciones.

Acercarnos con verdadero interés por conocer a otra persona y permitir que también nos conozca.

Escuchar sus ideas.

Compartir las nuestras.

Hacer preguntas.

Ofrecer ayuda cuando realmente podemos aportar algo.

Compartir una perspectiva diferente.

Reconocer el trabajo de alguien.

Mantener el contacto aunque no necesitemos ningún favor.

No se trata de coleccionar nombres.

Se trata de crear vínculos en los que pueda existir interés, confianza y reciprocidad.

Lo que cambia la historia

Hacer networking implica algo que para muchas mujeres puede resultar especialmente incómodo:

Hacernos visibles.

Decir qué sabemos hacer.

Explicar en qué estamos trabajando.

Hablar de aquello que queremos construir.

Reconocer que tenemos una aspiración.

No necesariamente porque nos falte ambición, sino porque aprendimos a pensar que hablar de nuestras capacidades podría sonar arrogante.

Así que esperamos que alguien las descubra.

El problema es que nuestro trabajo no puede entrar solo a las conversaciones en las que se toman decisiones.

No puede explicar el contexto de los resultados.

No puede decir qué obstáculos resolvimos.

No puede contar hacia dónde queremos crecer.

Necesita que nosotras le pongamos voz.

“Vendernos” no tendría que significar exagerar, presumir o convertir cada conversación en una campaña publicitaria personal.

Podría significar algo mucho más sencillo:

Hacer comprensible nuestro valor.

Si las personas solo saben que somos responsables y resolvemos todo lo que nos asignan, quizá seguirán dándonos exactamente eso:

Más cosas que resolver.

Pero si también conocen las decisiones que podemos tomar, los problemas que nos interesa abordar y la responsabilidad que estamos preparadas para asumir, podrán imaginarnos en otro lugar.

Quienes pueden recomendarnos, invitarnos a un proyecto o mencionar nuestro nombre en una conversación importante no pueden adivinar lo que queremos.

Necesitan conocernos.

Y permitir que nos conozcan puede exigir cierta vulnerabilidad.

No significa compartir nuestra vida íntima con cada persona que conocemos ni contar nuestros secretos durante el primer café.

La vulnerabilidad también puede verse así:

“Esto todavía lo estoy aprendiendo.”

“Me interesa crecer hacia esta área.”

“Este proyecto es importante para mí.”

“No tengo la respuesta, pero quiero entenderlo.”

“Me gustaría participar en una oportunidad como esa.”

Mostrar algo auténtico de nosotras implica confiar.

Y la confianza no se construye en una sola conversación.

Se forma poco a poco, cuando existe consistencia entre lo que decimos, lo que hacemos y la manera en que tratamos a las personas.

Por supuesto, hacer networking no garantiza una promoción ni corrige por sí solo todos los sesgos o las desigualdades dentro de una organización.

Pero evita que nuestra trayectoria dependa completamente de que alguien, por casualidad, descubra lo que podemos hacer.

La visibilidad no sustituye al mérito.

Permite que el mérito sea conocido y considerado.

Escribe tu siguiente escena

Piensa en el siguiente paso que te gustaría dar profesionalmente.

Ahora pregúntate:

  • ¿Quiénes saben que quiero avanzar hacia ahí?

  • ¿Quiénes conocen realmente lo que puedo aportar?

  • ¿He hablado de mis aspiraciones o espero que las deduzcan?

  • ¿A quién me gustaría conocer con un interés genuino, aunque hoy no necesite pedirle nada?

  • ¿Qué experiencia, información o perspectiva puedo ofrecer yo?

Después escribe tres nombres:

Una persona de la que puedo aprender.

Una persona con la que puedo colaborar.

Una persona que debería conocer mejor mi trabajo y mis aspiraciones.

Elige una y da un paso esta semana.

Puedes enviarle un artículo relacionado con algo que conversaron, reconocer de manera específica uno de sus proyectos, pedirle su perspectiva sobre un tema o invitarla a tomar un café.

Y también puedes permitir que conozca algo de ti:

“Actualmente estoy trabajando en ____________________. Me interesa crecer hacia ____________________ porque ____________________.”

No necesitas recitar tu currículum ni convertir el café en una entrevista encubierta.

Solo necesitas entrar a la conversación como una persona que tiene interés en conocer y también está dispuesta a ser conocida.

Subráyalo

Tu trabajo puede ser excelente y, aun así, necesitar que tú le pongas voz.

Una idea para llevar contigo

Hacer networking no es conseguir que todos te quieran. Es construir relaciones honestas para que otras personas sepan quién eres, qué puedes aportar y hacia dónde quieres crecer.

Hoy sigo creyendo en la preparación, la responsabilidad y el trabajo bien hecho.

Pero ya no creo que debamos dejarlos solos, esperando pacientemente a que alguien los descubra.

Nuestro trabajo importa.

También importan las relaciones que construimos, las conversaciones en las que participamos y la claridad con la que expresamos lo que queremos.

Quizá el siguiente nivel no siempre requiere que nos preparemos un poco más.

A veces requiere que alguien, en la habitación donde se habla de una oportunidad, sepa que estamos listas.

Y para eso, primero tiene que conocernos.

¿Qué historia contarás esta semana?

Con cariño,
Mon

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