Acerca de mí Contacto
Servicios Blog Agenda gratis
Inténtalo — Taller para niñas
Log In
← Back to all posts

Con las mejillas rojas, pero ahí voy

by Monica Iris Ortiz Román
Oct 26, 2026
Connect

El siguiente capítulo

Antes de que yo pudiera decir una palabra, mis mejillas ya habían hecho el anuncio.

Me daba pena participar en clase.

Me daba pena convivir en ciertos grupos.

Me daba pena ser el centro de atención.

Incluso cuando alguien me felicitaba por algo, en lugar de disfrutar el reconocimiento, sentía cómo comenzaba a subir el calor por mi cara.

Y no, no era producto de mi imaginación.

Con bastante frecuencia alguien se encargaba de confirmarlo:

—Ya te pusiste roja.

Gracias por el reporte. Yo no había notado el pequeño incendio en mis mejillas.

Durante mi niñez y adolescencia fui una persona más callada que platicadora.

Esa parte sigue siendo cierta.

Pero una cosa era hablar poco porque así era mi personalidad y otra muy distinta era guardar silencio porque la pena no me permitía hacer lo que quería.

Durante mucho tiempo no supe distinguirlas.

La escena de hoy

La pena no solo me incomodaba durante unos minutos.

También empezó a decidir por mí.

Me impedía levantar la mano aunque conociera la respuesta.

Me hacía guardar una opinión que podía ser valiosa.

Me llevaba a quedarme cerca de las personas conocidas en lugar de acercarme a alguien nuevo.

Me convencía de no intentar ciertas cosas para evitar la posibilidad de equivocarme frente a los demás.

La pena parecía decirme:

“Mejor no llames la atención.”

“No vaya a ser que digas algo incorrecto.”

“Quédate donde estás. Aquí nadie te está mirando.”

Y, durante mucho tiempo, le hice caso.

No necesariamente porque creyera que no podía.

Muchas veces sabía que podía.

Lo que no quería era sentir esa exposición.

El calor en las mejillas.

La voz menos firme.

La sensación de que todos podían notar exactamente lo que estaba sintiendo.

Así que evitaba la situación.

Y funcionaba.

La pena disminuía.

Solo que también desaparecía la oportunidad.

No opinaba.

No preguntaba.

No participaba.

No probaba.

La pena me protegía de pasar un momento incómodo, pero también me alejaba de muchas experiencias que sí quería vivir.

Lo que cambia la historia

Con los años entendí que no necesitaba convertirme en la persona más extrovertida del lugar.

No tenía que hablar todo el tiempo, disfrutar ser el centro de atención ni entrar a una reunión saludando como candidata en campaña.

Ser callada no era un defecto que necesitara corregir.

Lo que sí necesitaba revisar era si mi silencio era una elección o una renuncia.

Porque podemos elegir no hablar porque preferimos escuchar.

Podemos tomarnos tiempo antes de compartir una idea.

Podemos disfrutar más una conversación profunda que una mesa llena de desconocidos.

Todo eso forma parte de nuestra personalidad.

Pero también podemos quedarnos calladas porque tememos ser juzgadas.

Decir que no nos interesa algo que, en realidad, nos encantaría intentar.

Esperar a sentirnos completamente seguras antes de dar un paso.

Y esa espera puede durar muchísimo.

Yo creía que primero tenía que dejar de sentir pena y después podría actuar.

La vida me enseñó que, con frecuencia, sucede al revés.

Primero actuamos con pena.

Después descubrimos que pudimos hacerlo.

Y poco a poco, aquello que parecía enorme comienza a perder fuerza.

Hoy, cuando algo me da pena, intento no dejarla avanzar demasiado.

La reconozco.

La siento.

A veces noto nuevamente el calor en las mejillas.

Pero trato de moverme hacia el objetivo antes de que la pena organice una junta completa para explicarme todas las razones por las que sería mejor no intentarlo.

Si quiero compartir una opinión, la digo.

Si quiero acercarme a alguien, comienzo la conversación.

Si tengo una pregunta, la hago.

Si quiero probar algo nuevo, intento dar el primer paso antes de sentirme totalmente preparada.

No siempre lo consigo.

Todavía existen situaciones en las que dudo o prefiero quedarme en silencio.

Pero ahora intento preguntarme:

¿Estoy eligiendo no hacerlo o estoy dejando que la pena elija por mí?

Esa pregunta cambia bastante las cosas.

Porque mi objetivo no es dejar de ser una persona reservada.

Es asegurarme de que mi personalidad no se convierta en la explicación perfecta para evitar todo aquello que me expone.

Puedo ser callada y expresar una opinión.

Puedo sentirme nerviosa y acercarme a alguien.

Puedo ponerme roja y aceptar un halago.

Puedo sentir pena y avanzar al mismo tiempo.

Mis mejillas pueden reaccionar como quieran.

Ya no tienen voto decisivo.

Escribe tu siguiente escena

Piensa en algo que te gustaría hacer, pero que has evitado por pena.

Tal vez sea:

  • Participar en una reunión.

  • Hacer una pregunta.

  • Compartir una idea.

  • Acercarte a una persona.

  • Presentar un proyecto.

  • Aceptar un reconocimiento sin minimizarlo.

  • Probar una actividad en la que podrías no hacerlo bien.

  • Decir lo que quieres o necesitas.

Ahora pregúntate:

  • ¿Qué temo que otras personas piensen de mí?

  • ¿Qué es lo peor que imagino que podría suceder?

  • ¿Qué oportunidad estoy dejando pasar para evitar unos minutos de incomodidad?

  • ¿Esto no me interesa realmente o sí lo quiero, pero me da pena?

  • ¿Cuál sería el paso más pequeño que podría dar?

Cuando la pena aparezca, prueba hacer tres cosas:

1. Nómbrala

“Esto me da pena.”

No necesitas disfrazarla de falta de tiempo, desinterés o prudencia.

2. Recuerda tu objetivo

“Lo que quiero conseguir es ____________________.”

La pregunta deja de ser cómo evitar la incomodidad y se convierte en cómo acercarte a lo que te importa.

3. Muévete antes de negociar demasiado

Levanta la mano.

Escribe el mensaje.

Haz la pregunta.

Di la primera frase.

No tienes que sentirte completamente segura para comenzar.

Solo necesitas actuar antes de que la pena te presente una exposición de cuarenta diapositivas titulada: Todas las formas en las que esto podría salir mal.

Subráyalo

La pena puede acompañarme, pero ya no decide por mí.

Una idea para llevar contigo

No necesitas dejar de sentir pena para hacer lo que te importa. Necesitas dejar de interpretarla como una orden para detenerte.

Todavía soy más callada que platicadora.

Sigo prefiriendo escuchar antes de intervenir.

No siempre disfruto entrar a un lugar lleno de personas desconocidas.

Y, de vez en cuando, mis mejillas vuelven a delatarme.

Pero ahora mi silencio es, cada vez más, una decisión y no una escondida obligación.

Quizá la confianza no siempre se vea como entrar a una habitación sin miedo.

A veces se ve como sentir el calor en la cara, respirar y decir de todos modos:

“Yo quiero intentarlo.”

Con las mejillas un poco rosadas.

Pero ahí voy.

¿Qué historia contarás esta semana?

Con cariño,
Mon

Respuestas

Únete a la conversación
t("newsletters.loading")
Cargando...
No quedó perfecta. Y se la comieron felices.
El siguiente capítulo En la cuarta sesión de Inténtalo™, las niñas decoran una galleta. Es una de esas actividades que suenan muy sencillas: Tomas una galleta. Eliges los colores. Haces un diseño bonito. Y listo. Solo que el glaseado no siempre coopera. A veces sale demasiado rápido. La línea que iba a ser delgadita termina ocupando media galleta. Los colores se mezclan. Las chispas caen en lug...
Aprender a decir: yo también lo hice
El siguiente capítulo Hace algunos años participé en un curso dentro de la empresa en la que trabajaba. Al final, como parte de la evaluación, teníamos que resolver un caso en equipo. Analizamos el problema, discutimos distintas posibilidades y diseñamos una serie de estrategias para presentar nuestra solución. Nuestro equipo resultó ganador. Habíamos hecho un gran trabajo y yo había tenido un ...
También los niños tienen derecho a un mal día
El siguiente capítulo Mi hijo siempre ha sido una persona tranquila y empática. Cuando tenía alrededor de ocho o diez años, era un niño que la mayor parte del tiempo sonreía, estaba contento y parecía disfrutar con facilidad lo que sucedía a su alrededor. Pero, como todas las personas, también tenía días en los que se enojaba. Días en los que estaba cansado, molesto o simplemente no tenía ganas...

Tu historia, tu poder

📖 Coaching narrativo, humor honesto y ejercicios que sacuden: bienvenidas las mujeres que quieren cambiar su historia sin filtros, fórmulas ni frases cliché.
© 2026 mon
Footer Logo
Acerca de mí Contacto Blog Agenda tu sesión gratuita Legal
Powered by Kajabi


DESCARGA TU GUÍA GRATIS

Cambia la narrativa de tu vida con esta guía gratuita.