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Cuando lo difícil no significó renunciar

by Monica Ortiz
Aug 17, 2026
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El siguiente capítulo

Antes de entrar a la universidad, yo había sido la niña de las mejores calificaciones.

Estaba acostumbrada a que, al final, el esfuerzo confirmara algo que ya creía saber sobre mí: que era buena estudiante, que podía aprender y que estaba preparada para el siguiente reto.

Así que llegué a la universidad con una expectativa silenciosa:

Seguiría siendo esa misma alumna.

La universidad, sin embargo, no había leído mi guion.

La escena de hoy

Los primeros meses del primer semestre fueron mucho más difíciles de lo que había imaginado.

La cantidad de trabajo, la complejidad de las materias y el esfuerzo que necesitaba hacer para comprenderlas me rebasaron.

Por primera vez, estudiar no me devolvía rápidamente esa sensación conocida de dominio. Ya no bastaba con hacer lo que siempre había hecho.

Y eso no solo puso a prueba mis conocimientos.

También puso a prueba la historia que yo tenía sobre mí.

Porque cuando te has acostumbrado a ser “la de las mejores calificaciones”, cualquier dificultad puede sentirse como algo más que un tropiezo.

Puede sentirse como la posibilidad de que quizá no eras tan capaz como pensabas.

Recuerdo que, al verme tan rebasada, mi mamá me planteó que podía salirme de la carrera y cambiarme a otra.

Por supuesto que intentaba recordarme que tenía opciones, que no estaba obligada a permanecer en un lugar que me hiciera sentir así.

Pero escuchar esa posibilidad me obligó a hacerme una pregunta:

¿Quería dejar la carrera o solamente quería dejar de sentirme tan rebasada?

Y no era lo mismo.

Yo no quería otra carrera.

Quería continuar con esa, aunque todavía no supiera muy bien cómo atravesar la dificultad que tenía enfrente.

No tuve una revelación cinematográfica. No empezó a sonar música inspiradora ni, de pronto, todo se volvió sencillo.

La carrera siguió siendo difícil.

Yo seguí sintiendo frustración, cansancio y dudas.

Pero tomé una decisión: iba a aprender a permanecer frente a algo que me costaba sin interpretar inmediatamente que la dificultad significaba que no podía.

Creo que ahí empecé a aprender lo que realmente era la resiliencia.

Lo que cambia la historia

Durante mucho tiempo pensé que ser capaz debía sentirse como tener seguridad, entender rápidamente y obtener buenos resultados.

La universidad me enseñó otra versión de la capacidad.

A veces, ser capaz también se siente como no entender, intentarlo de nuevo, cambiar de estrategia y continuar sin tener todavía la certeza de que todo saldrá bien.

La resiliencia no significa que la adversidad no te afecta.

No es permanecer sonriente mientras todo se complica.

Tampoco consiste en repetir que “todo pasa por algo” y seguir adelante como si no doliera.

La adversidad se siente.

Puede frustrarnos, asustarnos, cansarnos e incluso hacernos dudar de lo que creíamos saber sobre nosotras.

La resiliencia consiste en reconocer ese impacto, tratar de comprender lo que está sucediendo y decidir cómo vamos a responder.

A veces, la respuesta será continuar.

Otras veces será pedir ayuda, descansar, aprender algo nuevo, cambiar de estrategia o incluso elegir otro camino.

Cambiar de carrera no habría sido necesariamente un fracaso. Pero, en mi caso, descubrí que no quería abandonar lo que había elegido.

Lo que quería abandonar era la incómoda sensación de no dominarlo todavía.

Y esa distinción cambió mi historia.

La dificultad dejó de ser una sentencia sobre mi capacidad y empezó a convertirse en información:

Esto exige más de lo que esperaba.

Necesito aprender de otra manera.

Todavía no sé cómo hacerlo.

Tendré que desarrollar recursos que antes no necesitaba.

Los obstáculos no desaparecieron después de aquel semestre. Han seguido apareciendo en distintas etapas de mi vida.

Pero aquella experiencia me dejó algo que las mejores calificaciones no habían podido enseñarme:

Puedo sentirme rebasada sin estar derrotada.

No necesito negar que algo me duele para sobreponerme.

No necesito sentirme segura durante todo el camino para seguir avanzando.

Y no necesito interpretar cada dificultad como evidencia de que elegí mal.

A veces, crecer se parece justamente a eso: dejar de sentirnos competentes durante un tiempo mientras desarrollamos una capacidad que todavía no teníamos.

Escribe tu siguiente escena

Piensa en algo que hoy te resulte más difícil de lo que esperabas.

Puede ser un proyecto, una transición profesional, una relación, una decisión o una etapa personal.

Pregúntate:

  • ¿La dificultad me está mostrando que necesito otro camino o está desafiando mi necesidad de sentir que puedo con todo?
  • ¿Realmente quiero renunciar o solo quiero dejar de sentir esta incomodidad?
  • ¿Qué necesito aprender, cambiar o pedir para responder mejor?
  • ¿Cuál sería una acción concreta para avanzar sin negar lo que estoy sintiendo?

Después completa estas frases:

Esto es difícil porque ____________________.

Lo que necesito comprender o aprender es ____________________.

Mi siguiente acción será ____________________.

No tienes que resolver toda la adversidad hoy.

Solo decidir cómo quieres responder frente a ella.

Subráyalo

La resiliencia no evita que la adversidad te duela; te ayuda a decidir qué hacer frente a ella.

Quizá la confianza no siempre se construye comprobando que somos las mejores.

A veces se construye descubriendo que, incluso cuando algo nos rebasa, podemos entender lo que ocurre, aprender y elegir nuestro siguiente paso.

Una idea para llevar contigo

Que hoy algo te cueste no borra tu capacidad. Tal vez solo estás frente a una situación que te pide desarrollar recursos que antes no necesitabas.

¿Qué historia contarás esta semana?

Con cariño,
Mon

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