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La curiosidad que nos falta

by Monica Ortiz
Jul 20, 2026
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Hola, 💜

Hay una escena de Ted Lasso que me gusta muchísimo.

Es esa donde Ted compite con Rupert a tirar dardos. La tensión está altísima, Rupert está confiado — demasiado confiado— y Ted parece estar simplemente divirtiéndose.

Pero antes de lanzar el tiro ganador, Ted dice algo que se queda dando vueltas:

Habla de cómo muchas personas subestimaron quién era él, no porque fueran malas necesariamente, sino porque no fueron curiosas.

No preguntaron.

No miraron más allá.

No se detuvieron a pensar que quizá había más historia de la que estaban viendo.

Y esa escena me parece poderosa porque, honestamente, creo que nos pasa más seguido de lo que queremos admitir.

Nos falta curiosidad.

Con las demás personas.

Y también con nosotras mism@s.

Nos falta curiosidad cuando alguien está de malas y automáticamente pensamos: “qué pesad@”, “qué groser@”, “qué ganas de arruinar el ambiente”.

Pero no sabemos si esa persona acaba de recibir una mala noticia.

No sabemos si lleva semanas durmiendo mal.

No sabemos si está sosteniendo un problema familiar, una enfermedad, una preocupación económica, un duelo silencioso o simplemente uno de esos días en los que existir ya se siente como deporte extremo.

Nos falta curiosidad cuando asumimos que las acciones de otros tienen como objetivo ofendernos.

Si no contestan, “seguro me están ignorando”.

Si hablan raro, “seguro están molestas conmigo”.

Si no nos invitan, “seguro ya no les importo”.

Y mira, a veces sí hay conversaciones que necesitamos tener. A veces sí hay límites que poner. A veces sí hay señales que no debemos ignorar.

Pero otras veces, nuestra mente agarra un detalle chiquito y lo convierte en documental dramático de tres temporadas.

Con villana, traición y música intensa.

Y ni siquiera era sobre nosotr@s.

La falta de curiosidad nos hace reaccionar desde la historia que ya conocemos, no desde la realidad completa.

Y eso también pasa hacia adentro.

Nos contamos una historia durante tanto tiempo que dejamos de cuestionarla.

“Yo soy así.”

“Yo no soy buen@ para esto.”

“Yo siempre arruino las cosas.”

“Yo no puedo cambiar.”

“Yo no soy disciplinad@.”

“Yo no soy creativ@.”

“Yo no tengo lo que se necesita.”

Y en vez de preguntarnos si esa historia todavía nos ayuda, la seguimos cargando como si fuera una verdad absoluta.

Pero ¿y si nos diera curiosidad?

Curiosidad por preguntarnos:

¿De dónde salió esta historia?

¿Quién me la contó primero?

¿En qué momento empecé a creerla?

¿Me sigue protegiendo o ya me está limitando?

¿Qué otra historia podría contarme que me ayude más en esta etapa de mi vida?

Porque la curiosidad no siempre llega como una gran revelación.

A veces llega como una pregunta sencilla que abre una puerta.

¿Qué pasaría si intento algo diferente?

¿Qué se sentiría tomar ese curso que lleva meses haciéndome ruido?

¿Qué aprendería si me atrevo a postularme a ese nuevo rol?

¿Qué descubriría de mí si exploro otra forma de trabajar, de relacionarme, de descansar, de decidir?

¿Qué parte de mí está pidiendo espacio y yo he estado ignorando porque “no es el momento”?

La curiosidad no te exige cambiar toda tu vida mañana.

A veces solo te invita a mirar un poquito más de cerca.

A dejar de vivir en automático.

A no asumir tan rápido.

A no cerrarte antes de escuchar.

A no decidir desde la versión más vieja de tu miedo.

La curiosidad puede ser una forma de compasión.

Porque cuando somos curios@s con otros, dejamos de reducirlos a un mal día, a una respuesta seca, a una actitud difícil.

Y cuando somos curios@s con nosotr@s mism@s, dejamos de reducirnos a un error, a una etiqueta, a una versión pasada o a una narrativa que quizá ya nos queda apretada.

Ser curios@ es decir:

“Tal vez no tengo toda la historia.”

Y esa frase cambia muchísimo.

Cambia cómo miras a los demás.

Cambia cómo interpretas lo que pasa.

Cambia cómo te hablas cuando fallas.

Cambia cómo te acercas a una posibilidad nueva.

Cambia incluso cómo entiendes tu propia vida.

Porque a veces no necesitamos más juicio.

Necesitamos más preguntas.

Preguntas honestas.

Preguntas suaves.

Preguntas incómodas, sí, pero no crueles.

Preguntas que no busquen castigarnos, sino conocernos mejor.

Hoy quiero dejarte esta:

¿En qué parte de tu vida te falta curiosidad?

Tal vez en una relación donde ya asumiste demasiado.

Tal vez con una persona a la que has juzgado sin saber qué está viviendo.

Tal vez contigo, con esa historia que llevas años repitiendo como si no hubiera otra versión posible.

Tal vez con esa idea imposible de belleza en la que quieres encajar a toda costa.

Tal vez con una idea, un curso, un cambio, una oportunidad o un deseo que lleva tiempo tocando la puerta.

No tienes que tener la respuesta completa.

Solo empieza por preguntar.

A veces la vida cambia no cuando encontramos una gran certeza, sino cuando dejamos de vivir desde una vieja conclusión.

Respóndeme este correo y cuéntame:

¿Qué pregunta necesitas hacerte con más curiosidad esta semana?

Te leo con cariño.

Con curiosidad, compasión y ganas de dejar de escribir películas dramáticas sin toda la información,
Mon 💜
Tu compañera de camino en esto de reescribir(te)

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